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Sun, Sep

“No hay nada que tapar: él es feliz”

Testimonios
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Una nueva generación de padres de menores transexuales se une para romper estigmas

CRISTINA SEN, LA VANGUARDIA, Barcelona

Dani ya tiene su tarjeta sanitaria conforme a lo que siempre se ha sentido, un niño. Se la han dado esta semana desde el Departament de Salut con las gestiones de Benestar Social, pero, sobre todo, por el empeño de sus padres y de todos los padres de niños transexuales que luchan para que sus pequeños puedan vivir con normalidad y sin esconderse de acuerdo con la identidad de género sentida. Cuando llamen a Dani en la sala de espera lo harán por su nombre y no con el que fue registrado cuando nació y a sus padres les dijeron que era una niña.

Dani tiene ocho años y desde hace dos es feliz. Se acabaron los dolores de estómago, las vomitonas, que se fueron junto a los vestidos y los lazos. “El médico te dijo que cuando nací tuvisteis una niña, pero se equivocó”, le dijo con sólo seis años a David Tello, su padre. Él y su mujer ya sabían que algo pasaba porque así lo expresaba el pequeño. Hablabla de sí mismo en masculino, pedía ir disfrazado de Superman para evitar los vestidos de niña. “Le cortamos el pelo y estaba tan contento que explicaba a todo el mundo que se llamaba Dani. Entonces fuimos al pediatra a pedirle consejo, pero no supo qué decirnos”. Nadie les explicaba nada, él y su mujer se sentían perdidos, hasta que David navegando por internet dio con Chrysallis, una asociación de familias de menores transexuales, llamó y tras dos horas de conversación entendió todo lo que pasaba. Y entendió que todo lo que pasaba era normal.

Dani y ocho menores más han recibido esta semana la tarjeta sanitaria con su nombre, y a partir de ahora cualquiera que quiera disponer de una nueva identificación de acuerdo con el género sentido sólo tiene que ponerse en contacto con el Àrea per a la Igualtat de Tracte i no Discriminació de Persones LGTBI. Catalunya ha sido pionera en abrir esta vía para los menores, y ha sentado un importante precedente para que en el resto de España se sigan los mismos pasos.

También este mes, y por primera vez en Catalunya, dos magistrados han dado el visto bueno al cambio de nombre de dos menores transexuales en el registro civil. En España –se permite para los mayores de edad con una serie de justificantes médicos– se habían producido 25 autos favorables, pero ninguno aquí porque depende de la decisión personal del juez. Ahora, Alan y Tori ya se llaman “oficialmente” como se sienten.

Es verdad que las cosas se están moviendo, explica David Tello, que hoy es el presidente de Chrysallis en Catalunya, recientemente creada, pero queda casi todo por hacer porque se parte del desconocimiento y la incomprensión profunda, que es lo que genera discriminación. Es la sociedad la que estigmatiza y por ello la mayoría de estos niños no pueden vivir en libertad. “Negar a un menor trans su identidad es el peor de los maltratos, no pueden seguir escondidos”, explicaba hace unos meses a este diario África Pastor, madre de Daniela, e impulsora de la Fundación que lleva su nombre.

La identidad sexual depende del cerebro, y no de los cromosomas o de la configuración de los órganos de reproducción –se indica desde la asociación Chrysallis– por lo que a veces la identidad de género no coincide con el sexo asignado al nacer. Es una nota más en la escala de la diversidad que debe ser percibida con plena normalidad.

Las familias de estos menores están absolutamente en contra de que se patologice una forma de sentirse, y por ello rechazan el concepto de disforia de género, que remite a una “contradicción” una anomalía entre la identidad y el órgano sexual. Para dejarlo claro David Tello explica que estos pequeños –y todo el mundo– debe saber que “hay niños con vulva, y niñas con pene”. Y por ello se mira con recelo a quienes le preguntan si su hijo se operará cuando sea mayor. Muchos, indica, pueden sentirse a gusto con sus genitales.

El pequeño Dani explotó de alegría cuando a los 7 años pudo hacer el tránsito social. Es decir, aquel momento en el que después de que sus padres hablasen con el colegio y la familia pudo mostrarse tal como era. No hubo ningún problema en la escuela, indica su padre, se hizo el cambio de nombre, pudo empezar a utilizar los vestuarios de chicos y por fin pudo ir vestido tal como se sentía. Todo ello le produjo una euforia increíble, si ya era un buen alumno dio otro paso adelante y empezó a cosechar sobresalientes. Su padre habla de euforia de género para rebatir aquellos que lo hacen de “disforia”.

Hay que descorrer el velo para que estos pequeños puedan vivir libres y se respeten sus derechos como personas. Una generación de padres está dando por primera vez un paso adelante para que desde la pedagogía la sociedad deje de estigmatizarlos, para romper prejuicios. No quieren que sus hijos se pierdan la infancia. Pero aún son pocos los que dan el paso. Chrysallis en España tiene a 250 familias asociadas, en Madrid crece con fuerza junto a la Fundación Daniela y Chrysallis en Catalunya ha arrancado con 14 familias. Ahora trabajan para establecer un protocolo escolar y, sobre todo, para que se elabore una ley de identidad sexual y expresión de género. Y también quedan entre ellos, salen, hacen excursiones porque siempre es un descanso para el alma estar junto a los que no estigmatizan y comparten preocupaciones y alegrías. Una nueva generación de padres de menores transexuales se une para romper estigmas.

Dani ha sido y es para sus padres una lección de vida. Nos ha dado, explica David, una lección de madurez y de comprensión, y tiene muy claro que él no va a ­respetar a quien no le respete. Y normalmente son los pequeños los que van por delante de los ­padres, son ellos los que lo tienen claro.

De muy pequeño ya me decía que quería ser como yo, recuerda su padre. Pero David lo entendía como un síntoma de admiración, y no como la expresión de su sentir como niño, como hombre. Cuando miramos las fotos, prosigue, lo entendemos todo: esos enfados cuando le poníamos los vestiditos para salir el fin de semana a ver a alguien, su afán por ir vestido de jugador de fútbol. No se puede tapar todo esto, forma parte de la diversidad humana, indica con el ánimo de dejar un mensaje positivo.

Evidentemente el camino no es fácil como sucede siempre que hay fuertes prejuicios sociales y un profundo desconocimiento. Abordar la situación en el contexto escolar requiere su tiempo, también en el entorno próximo pero sobre todo se insiste en que la familia más cercana debe de evitar obstáculos que causen ansiedad a estos menores. Y desde la Fundación Daniela se señala la importancia de que al llegar a la pubertad y si ellos así lo quieren puedan tener acceso a inhibidores hormonales –su efecto es reversible– para evitar el desarrollo sexual hasta que puedan tomar una decisión en la mayoría de edad.

Una nueva generación de padres está cambiando las cosas de la mano de sus hijas y sus hijos. Quieren hablar para que la sociedad desmonte las barreras y estos pequeños puedan hacer su camino bien acompañados.